domingo, 16 de diciembre de 2012

felicidad

En busca de la felicidad
El espíritu humano tiende al infinito; jamás se satisface con los bienes limitados, aunque sean muchos.

Comprar regalos para los demás no siempre es fácil, sobre todo si no conocemos bien a la persona a la que queremos obsequiar. Por eso existen tantos libros que aconsejan cómo proceder ante esta cuestión tan espinosa. «Vamos a ver... podría usted comprarle un gatito», pero y ¿si no le gustan los gatos? o ¿si es alérgica...? «A él le podría regalar una corbata de Armani...», pero tal vez anda muy sobrado de corbatas; además, ¿cómo atinar a sus gustos? «¡Ah! podría regalarle una buena botella de Grand Marnier...», pero ¿y si es abstemio? Para acabar pronto, la clave está en encontrar alguna cosa que nuestro agasajado desee de veras y todavía no posea. 

La sociedad ha encontrado una buena solución en las tarjetas de felicitación que nos intercambiamos en ciertas fechas importantes. «¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo!», «¡Feliz Cumpleaños!», «¡Feliz Aniversario de Bodas!», «¡Feliz Día de las Madres!». Todo es un «feliz» esto, o «feliz» aquello, independientemente de lo que estemos celebrando. Cualquier persona recibe estos buenos deseos con agrado -excepto, desde luego, las amargadas que refunfuñan de todo-, porque la felicidad siempre nos resulta apetecible, y jamás quedamos satisfechos. 

¿Qué tiene que ver esto con los valores humanos? La felicidad es la reina de los valores, la «vasija de oro que está al final del arcoiris». Todos la buscamos y apreciamos sobremanera. ¿Acaso no es un bien para todo hombre?  hemos sido creados para la felicidad. Ese es nuestro destino: ser felices para siempre. Más aún, todas nuestras acciones tienden, en definitiva, a conquistarla. La felicidad no es un «medio» para obtener otros fines; no es un peldaño para llegar a otra meta. Nadie vende su felicidad simplemente para conseguir dinero; más bien, busca dinero porque lo considera un medio para alcanzar mayor felicidad. 
y es mas la libertad nos da la felicidad. y viceversa.

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