jueves, 15 de diciembre de 2011

TESTIMONIO DE VIDA DE DANI.


“Daniel tiene una sonrisa preciosísima”

Miriam recibió la noticia de que su hijo Daniel llegaría con labio leporino como


un jarro de agua fría. “Nunca creí que algo así podría pasarme a mí”,

explica,


“y menos aún con dos mellizos anteriores que están sanos y felices”. Aunque el


aborto era una opción, fue la fe la que le ayudó a comprender que Dios deseaba

el nacimiento de Daniel aún más que ella, puesto que este hijo no estaba en sus

planes. Asimilar y aceptar que llega un hijo así requiere tiempo, pero al no conocer

la gravedad de la malformación hasta el momento del parto, el embarazo

transcurrió tranquilo. A la hora del nacimiento, se constató que Daniel tenía todo

el paladar abierto, y que tendría que someterse a diversas cirugías porque la

anomalía era severa. La realidad es que, salvo por las cirugías, “Daniel ha sido

y es un niño buenísimo, duerme mucho, llora poco y cada vez tarda menos en

tomarse el biberón”, comenta Miriam feliz. “Si no perjudicara su salud, no le operaría.

Tiene una sonrisa preciosísima y es perfecto así”, asegura.

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